De la mano de John Galiano, el desfile de alta costura para la próxima temporada se convirtió en un espectáculo.
Derroche de tela y maestría para un modisto que trasladó a la exigente crítica parisina al lejano Oriente. El lujo de los kimonos propuestos por Galiano se respiró sobre todo en el vuelo y el tacto de sus sedas tintadas sin recato y cortadas a capricho. Colorido sobre la pasarela para vestidos sofisticados que muestran, en su mayoría, los hombros desnudos de la mujer y se crecen de cintura para abajo en un alarde de patronaje que traiciona las leyes de la costura para convertirla en arte.
En ese viaje a la cultura oriental, Dior sólo exhibió en la pasarela modelos nativas maquilladas como geishas y con tocados extravagantes para cuya confección empleó desde abanicos a bonsáis. Al final del show, con la batalla ganada y el terreno conquistado, Galiano salió a saludar vestido de Napoleón.






