Jesús del Pozo propuso una mujer inspirada en las pinturas de Gustav Klimt, que se cubre con múltiples capas de tejidos gruesos y en la que predominan sus habituales tonos verdes y marrones, junto a grises, azules y negro.
Una de sus propuestas más originales fue la de transformar las estructuras típicas de los trajes de noche para llevarlas durante el día, dando lugar a una mujer elegante y natural.





