Oro ético: un lujo “justo”

22 junio 2009
By mireia-cortes

¿De dónde viene el oro utilizado en una alianza, un collar o un pendiente? ¿Cómo es extraído? ¿Con qué condiciones sociales y qué respeto del medio ambiente? El ‘oro ético’ pretende esbozar las respuestas a esas preguntas.

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“Descubrí en América Latina la extracción inteligente del oro. Ese fue el punto de partida. Me dije: ¿por qué no proponer a los clientes una trazabilidad, una transparencia?”, explica Erwan Le Louer que, a los 25 años de edad, ha creado la marca JEL (Jewellery ethical luxury).

Según un estudio realizado por la organización WWF en Guyana, uno de los principales factores de incitación a la extracción clandestina del oro es “la facilidad desconcertante” con que las explotaciones ilegales logran infiltrar su producción en el mercado legal.

Para la ONG, no hay nada que permita garantizar que el oro vendido en las joyerías no procede de esa actividad ilegal, en la que se utiliza enormemente el mercurio, que puede tener efectos desastrosos en la tierra, los ríos, los ecosistemas.

El fundador de JEL utiliza pepitas procedentes de la región del Chocó, oeste de Colombia, en la que mineros trabajan en pequeñas minas a cielo abierto en el marco del proyecto ‘Oro verde’. Reciben una remuneración superior a la tarifa habitual por su oro y se comprometen a trabajar artesanalmente, es decir “excluyendo del proceso de extracción los componentes químicos y los productos contaminantes”.

“Imponer un metal perfectamente identificado en todos los pasos de la producción no forma parte de los usos y costumbres del sector”, reconoce Erwan Le Louer que, a partir de esta pequeña experiencia, quiere demostrar que es posible seguir todo el proceso desde la extracción del metal hasta la venta de una joya al consumidor.

En Saint-Dié, en el departamento de Los Vosgos (nordeste de Francia), donde la gama de joyas éticas es realizada por la firma Aurigane, la preocupación permanente es garantizar que ese oro “trazable” no se mezcle de ninguna manera con metal de otro origen.

Para la aleación necesaria para fabricar oro de 18 quilates se utiliza un horno particular. Después se vierte el metal fundido en un molde de yeso, se separa la joya y se recupera el metal restante para fundirlo nuevamente.

Esa preocupación de que el “oro ético” no se mezcle con otro se prolonga hasta las últimas operaciones: al pulir las joyas, los artesanos utilizan un paño específico en el que recuperan las limaduras del metal para que no se mezcle con las de otros oros.

Didier Tursin, director industrial de la planta, señala que esta nueva manera de proceder suscita un verdadero interés. “A las personas que trabajan aquí les sorprendió que la ecología viniera a ellos a través de su profesión. Consideran que es apasionante”.

Romain Renoux, que hizo investigaciones sobre la explotación ilegal del oro en el marco de WWF, estima que esta experiencia es “interesante” y manifiesta la esperanza de que la llegada a los mercados del ‘oro ético’ lleve al consumidor a “plantearse interrogantes” sobre el sector del metal amarillo.

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