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Arriba, Los filipinos consiguen Guiness. Abajo, boda en
el Empre State |
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El día del amor estremeció a los amarillos, los negros, los
árabes, los caucásicos, los latinos, los mestizos. Aunque también hubo seres
amargos que no sucumbieron a San Valentín, como los “Quirquialones” (www.todolistmagazine.com/quirkylikeus.html),
una organización feminista que produce fiestas en Estados Unidos para personas
de ambos sexos que quieran “resistir a la tiranía de la pareja”.
Esta sensibilidad crece tan velozmente en este país, que ya hay webs
especializadas en el envío de flores marchitas o pollos de plástico a ex
amantes.
Tampoco congenió con esta costumbre nacida en Occidente el recalcitrante régimen
de Arabia Saudita, donde un periódico publicó un decreto religioso que instaba a
no enternecerse en este día del amor cósmico. “La fiesta de San Valentín es una
fiesta cristiana pagana que ningún musulmán que crea en Dios o en el juicio
final debería celebrar”, advertía el severo decreto firmado por el gran muftí,
jeque Abdel Aziz al Cheij, el principal dignatario religioso del reino.
O como los integristas hindúes que amenazaron con las penas
del infierno a quienes se dejaran llevar por la fiesta. Las autoridades
comunistas de Laos no creen en el infierno, así que sólo optaron por llamar al
orden a los jóvenes para que no cayeran en los brazos del alcohol y el sexo.
En Corea del Sur debieron lidiar contra los bombones con forma de genitales o
posiciones sexuales, que fueron prohibidos.
Amor y dinero
Del otro lado, el de quienes se relamen pensando en el dinero que ganaron, hubo
casos raros, como la página web www.lunaembassy.com, que oferta para el amante
un título de dominio de la Luna o Marte.
Entre los japoneses se da un caso original de amor combinado con altas cuotas de
consumismo. Gastaron en este día 467 millones de dólares sólo en chocolates, que
en algunos casos son ostentosas esculturas de tamaño natural de algún ídolo
televisivo. La diferencia con Occidente es que ellos ampliaron esta costumbre
dedicando la celebración no sólo a la pareja, sino que a toda persona que les
sea especial: colegas de trabajo, amigos, familiares.
El amor más desinteresado se dio quizás entre los filipinos. En su capital,
Manila, más de 5.000 parejas -incluido el alcalde y su esposa- se besaron
durante diez segundos para recibir a San Valentín, tras lo cual hubo una gran
fiesta con juegos pirotécnicos. Con esta marca, quebraron el récord que
ostentaba Chile desde hace casi un mes con los besos en el Parque Forestal.
Los italianos, que habían amenazado directamente a los
santiaguinos con derrotarlos, apenas juntaron 1.800 parejas en Roma.
Mientras tanto, en la cúspide del mundo, el Empire State, en Nueva York, 17
parejas de novios decidieron casarse. Ocuparon el piso 80 y luego subieron a la
cúspide de este gigante, en el piso 86, para brindar por las nuevas uniones.
El SMS que casí arruina un matrimonio
Una de las notas negras de la jornada tuvo el móvil como protagonista. Un hombre
de 27 años y su mujer desde hace dos meses estaban dando un romántico paseo en
coche alrededor de un parque en Seremban, al sur de Kuala Lumpur, cuando el
teléfono de ésta recibió un mensaje justo después de media noche, según el
Sunday Star
Él pidió a su esposa que leyese el mensaje, que decía:
"Cariño, te echo mucho de menos; siempre pienso en ti incluso cuando esta noche
no estas aquí conmigo en la cama. Estoy esperando, muchos besos y abrazos -
Jane".
La mujer le pidió a su marido que detuviese el coche, le acusó de infidelidad y
tomó un taxi para ir a casa de sus padres. El suegro del hombre contactó con él
más tarde, después de que ella se negase a contestar a sus llamadas, para
decirle que su hija quería el divorcio.
Doce desesperadas horas después el hombre logró encontrar a la mujer que había
enviado el sms, que explicó a su esposa lo sucedido, y la pareja lo arregló con
un abrazo frente a sus familias
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