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En el último tiempo, varios centros comerciales
estadounidenses se han convertido en mudos testigos de un evento tan novedoso
como cruel. Son los desfiles de moda que protagonizan niños huérfanos, con el
objetivo de mostrarse a los cientos de padres que buscan un menor para adoptar.
Organismos dedicados al tema patrocinan los desfiles, que se enmarcan en la
celebración de las denominadas “fiestas de la adopción”, según consigna el
diario español “El Mundo”.
No todos los niños se dan cuenta de que al ponerse sus mejores ropas y subirse a
la pasarela están participando en tan singular evento. Sólo los más grandes
comprenden que es una de las pocas posibilidades que tienen de encontrar una
familia que los acoja.
Los padres que se dan cita en las fiestas, en cambio, van con la esperanza de
ver en directo al niño que conocieron a través de la página de internet
relacionada con su búsqueda. La escena no deja de ser impactante. Mientras los
candidatos desfilan por la pasarela, los maridos y esposas conversan en voz baja
y toman nota, tal como si estuvieran en cualquier exposición de arte.
Esa me gusta a mí
El periódico peninsular retrata la particularidad de estos desfiles tomando como
referencia uno ocurrido en una mañana de sábado en el Bellevue Mall, en las
afueras de Nashville, Tennessee.
“Nuestra opción es hacer las cosas así, o dejar que los niños cumplan los 18
años y salgan al mundo sin una familia”, explica Jan Dick, director asociado
para el Centro de Adopciones de Estados Unidos. “La parte dolorosa es la
realidad que estos niños tienen que vivir a diario, con independencia de que
hagamos pública o no su situación”, agrega.
Pero la mayoría de las veces los niños no piensan en su futuro. “Lo que
realmente quiero hacer hoy es una familia”, confiesa Mariah, de 15 años, una
joven bella, pero con una cara que irradia una gran tristeza. “(Sueño con) poder
tener a un papá que me lleve del brazo el día que me case, que mamá me regale
una ducha para bebés y después darles nietos”, añade.
Ella es el objeto del deseo de Jessica Resse, una pequeña de 13 años que la
conoció a través de internet. “Oh, Dios mío es ella, es ella”, les grita a sus
padres cuando la ve arriba de la pasarela. Cindy y Paul Resse tienen cuatro
hijas biológicas, pero desean adoptar otra y Mariah es una de las “candidatas”.
“Tiene tanto en común conmigo, le encanta bailar y también quiere ser actriz.
Haré cualquier cosa para tenerla como hermana”, le implora Jessica a sus padres.
No queda claro si lo que quiere llevarse a casa es una hermana o un juguete.
Esto es advertido por su madre quien reconoce que la situación “resulta muy
humillante, especialmente para los niños”. “Pero es la única posibilidad que
tenemos de verlos”, sentencia Cindy, quien finalmente no se llevará a Mariah a
su hogar. |