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Arriba seminario neocatecumenal de Santo Domingo,
abajo los murales de la Almudena. Los dos son idénticos,. La copia
se repite en las otras cinco pinturas. |
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El semanaldigital.com. El Seminario Misionero Archidiocesano
Redemptoris Mater de Santo Domingo, en la República Dominicana, se halla situado
en Arroyo Hondo, en las afueras de la ciudad.
Se trata de una de las principales obras pastorales del cardenal Nicolás López
Rodriguez, quien a sus 67 años, tras veinticuatro como arzobispo de Santo
Domingo (primera diócesis americana) y trece como cardenal, es uno de los
prelados de mayor peso en la Iglesia iberoamericana. El seminario es uno de los
principales del continente, en él estudian un centenar de alumnos, y alberga el
Pontificio Instituto Juan Pablo II para el Matrimonio y la Familia, con sede
principal en Valencia.
No ha sido tarea fácil edificar las importantes instalaciones de este centro.
Apenas hace un año se hacía un llamamiento público para superar algunas
dificultades económicas, a la cual respondió la generosidad de los católicos
tanto dominicanos como de fuera del país. La fundación del seminario fue una
sugerencia del mismo Juan Pablo II al cardenal López Rodríguez, quien firmó en
1991 el decreto de erección. Se construyó según las directrices del fundador del
Camino Neocatecumenal, Kiko Argüello, y el Papa lo visitó, en plena
construcción, durante su viaje a la República Dominicana en octubre de 1992.
Uno de los edificios del complejo que forma el seminario es la iglesia. En su
interior, y decorando las paredes del templo en torno al altar, una serie de
pinturas de Kiko Argüello representan distintos momentos de la vida de
Jesucristo.
El número de pinturas es mayor que en el ábside de la catedral de Madrid. Pero
las siete de la Almudena son una reproducción exacta, copia fiel y milimétrica,
de las de Santo Domingo: el Pantocrátor central, y los cuadros que representan
el Bautismo, la Transfiguración, la Crucifixión, la Resurrección y la Ascensión
de Cristo, y Pentecostés.
La obra fue solemnemente bendecida por el cardenal de Madrid, Antonio María
Rouco Varela, el pasado 28 de abril, con la presencia e intervención del autor.
La aportación pictórica de Kiko Argüello al templo madrileño había despertado
ciertas críticas en cuanto a su calidad artística, y tampoco se entendía bien la
absoluta heterogeneidad que presenta con las vidrieras de la girola, también
obra de Argüello. Sin embargo, lo que a muchos ha parecido en verdad
sorprendente es que la catedral de La Almudena no pueda lucir un ábside decorado
ex profeso para ella, y deba conformarse con la copia de un modelo ajeno.
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Obras de arte "censuradas" para promocionar a Kiko Argüello |
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| Huida a Egipto,
una de las vidrieras creadas por Manuel Ortega en virtud del
concurso que ganó, y retiradas ahora para poner las de Kiko Argüello.
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Manuel Ortega, fue ganador del concurso internacional
para hacer todas las vidrieras de la catedral de la Almudena, es un
artista de reconocido prestigio, discípulo predilecto de Vázquez Díaz.
El concurso, internacional y público, lo
convocó la Junta Técnica para las Obras de la Almudena
en enero de 1998, fallando a favor de Manuel Ortega, un pintor y
muralista prestigioso y con amplia experiencia en la decoración de
iglesias.
Componían el jurado Alberto Ruiz-Gallardón
(presidente de la Comunidad), José María Álvarez del Manzano (alcalde de
la capital), Antonio María Rouco Varela (arzobispo de Madrid), un
representante de la Real Academia de Bellas Artes, y los miembros de la
Junta Técnica para las Obras de la Almudena.
A Ortega se le considera el principal
discípulo de Daniel Vázquez Díaz (1882-1969), de quien heredó sus trazos
de cubismo humanizado, más sensible y útil que el cubismo ortodoxo, y la
recuperación del mural y el fresco, una de las grandes aportaciones del
pintor andaluz al arte español del siglo XX.
Ortega ha destacado en distintos géneros pictóricos, desde el retrato a la
composición, pasando por el paisaje, y ha sido definido por Juan Ramírez
de Lucas, de la Asociación Internacional de Críticos de Arte, como "el más
importante fresquista español". Durante dos décadas, entre 1960 y 1980, se
consagró casi en exclusiva a la pintura mural integrada en la
arquitectura.
En cuanto a sus trabajos religiosos, el crítico citado define así sus
características: "Limpia, segura, estructurada, precisa, escueta, sin nada
accesorio, ascética, como responde a la finalidad a la que tiene que
servir: información de determinados sucesos histórico sagrados, con un
mínimo de retórica y un máximo de contenida espiritualidad".
Así eran las vidrieras que había hasta hace escasas semanas en la girola
alta de la catedral de la Almudena: escenas de la vida de la Virgen María,
a quien está consagrado el templo.
Su lugar lo ocupan ahora siete obras de carácter abstracto de Kiko
Argüello, disonantes del estilo bizantino de las pinturas murales, y en
cada una de las cuales figura la palabra Palabra en sendos seis
idiomas, y en la central el nombre de María.
Se da la circunstancia de que justo ahora,
y de resultas de las nuevas intervenciones, en el templo hay vidrieras de
cuatro autores y estilos diferentes: las del fundador del Camino
Neocatecumenal, las que quedan del propio Manuel Ortega, las de las tres
artistas que las donaron al templo, y las iniciales
de Fernando Chueca Goitia.
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