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Y al heredero de la Corona, como a muchos otros, el rostro de
su prometida le era familiar por haberla visto como reportera de diversas
cadenas de televisión. El recuerdo más antiguo que la futura reina de España
tiene de Felipe de Borbón se remonta quizás a comienzos de los 80. Cuando tenía
unos ocho años e iba a clases en un colegio de Oviedo, participó en el concurso
"¿Qué es un rey para ti?", en el que los niños debían plasmar en un dibujo la
imagen que tenían de un monarca., informa DPA.
Fue entonces cuando Letizia obtuvo su primera foto del que ahora se convertirá
en su marido, pues por aquel entonces la Casa Real enviaba a los concursantes
una instantánea firmada por Felipe, que en esa época era un "chaval" de 13 años
que con su pelo rubio y sus ojos azules ya causaba furor entre las chicas.
Pero de ahí a que se cumpliera para una de ellas el sueño de casarse con un
auténtico "príncipe azul" -algo que se hará realidad el próximo sábado- tuvieron
que pasar más de dos décadas.
La historia de amor entre Letizia, de hoy 31 años, y Felipe, de 36, comenzó una
noche de octubre de 2002 en un ático de la céntrica calle Alcalá de Madrid.
Ambos estaban ese día invitados a una cena en casa del periodista Pedro Erquicia,
director del programa "Documentos TV" de la cadena pública TVE, donde ella más
adelante presentaría el noticiero estrella de la noche.
"Los dos hablaron mucho tiempo y no paraban de reírse", contaría después uno de
los asistentes.
Al parecer, la periodista y el heredero encontraron muy pronto un tema en común:
Ella acababa de comprar una vivienda de dos habitaciones en el barrio de
Valdebernardo, en el extrarradio de Madrid, y él estrenaba su residencia en el
recinto del Palacio Real de La Zarzuela. Una residencia que ahora ambos
compartirán y en la que tan sólo el dormitorio, de unos 110 metros cuadrados, ya
es más grande que el modesto apartamento que ella había adquirido entonces.
Pero Letizia y Felipe también conversaron sobre el aniversario de los atentados
del 11 de septiembre en Estados Unidos, que se había cumplido unas semanas
antes, de los Premios Príncipe de Asturias, que ella cubriría pocos días
después, o de música y literatura.
Sin duda se cayeron bien. Pero no intercambiaron sus números de teléfono ni
fijaron otra cita. Sí volvieron a cruzarse, en cambio, con ocasión de la gala de
los Premios Príncipe de Asturias el 25 de octubre en Oviedo, y, más adelante,
cuando Letizia cubría en Galicia la catástrofe del petrolero "Prestige" y el
príncipe visitaba la región. Fueron, sin embargo, encuentros fugaces.
Meses después, en primavera de 2003, Letizia
Ortiz viajó como enviada especial de TVE a Irak, a bordo del buque "Galicia" que
estuvo atracado en el puerto de Um Qasar, en el sur del país.
A su regreso, un día sonó el teléfono. Era el heredero de la Corona, quien había
conseguido de un amigo común el número de la joven reportera. Le pidió una cita,
y ella aceptó.
Por aquel entonces, la relación que Letizia, divorciada años antes de su primer
marido, mantuvo con un compañero del canal CCN+ había terminado, como también
había acabado, en diciembre de 2001, el noviazgo entre el príncipe y la modelo
noruega Eva Sannum.
El escenario de ese primer "tête à tête" al parecer fue un céntrico restaurante
madrileño. Le seguirían más encuentros, todos ellos en medio del máximo
secretismo: jornadas de caza en fincas de los amigos de Felipe, veladas en su
residencia o en el apartamento de ella, cenas en casa de amistades de máxima
confianza o escapadas al extranjero.
En medio de todo esto, Letizia se escapó unos días de vacaciones a Costa Rica,
dicen que para reflexionar y despejar dudas.
Ya en pleno verano, después de compartir con la "pandilla" del príncipe un
crucero por las islas Baleares, el heredero de la Corona decidió contar a su
familia que había una chica especial en su vida y que su intención era casarse
con ella. "Esto es lo que hay; o esto, o lo dejo todo", advirtió Felipe en
palabras de la periodista Pilar Urbano, biógrafa de la reina Sofía.
Pero los reyes quedaron encantados con la joven periodista, y las hermanas del
heredero, sobre todo la infanta Cristina, pusieron de lo suyo para lograr que el
noviazgo fructificara, dicen. Lo cierto es que la Casa Real diseñó un estricto
plan de seguridad para mantener en secreto la relación. La discreción lo era
todo, sobre todo después de que los anteriores romances del príncipe con Eva
Sannum o Isabel Sartorius se convirtieran en la comidilla de la prensa rosa.
Letizia, por su parte, se limitó a comentar a sus amistades más cercanas que
estaba saliendo con "un chico" que era diplomático y viajaba mucho. "Os
quedaréis de piedra cuándo os enteréis de quién es", decía. La pareja logró
mantener su relación en secreto durante meses, hasta que los rumores empezaron a
ser cada vez más intensos.
El viernes 31 de octubre, las cosas se precipitaron, a raíz de un comentario de
un conocido periodista en un programa de radio.
El resto es historia: Al día siguiente, con Felipe y Letizia "refugiados" en
algún lugar en el extranjero, la Casa Real anunciaba oficialmente el compromiso
y la próxima boda, el 3 de noviembre la pareja comparecía por primera vez en
público en los jardines de la residencia del príncipe, y tres días después tenía
lugar la pedida de mano.
Todo ello sirvió para demostrar que, lejos de cualquier conveniencia, se trata
de una unión forjada por el amor. "Me da muchísima alegría poder manifestar lo
feliz que me hace nuestro compromiso y lo enamorado que estoy de Letizia",
declaraba el futuro rey de España a los periodistas aquel 3 de noviembre, sin
soltar la mano de su ruborizada novia, quien a su vez añadía: "Es una decisión
madura, fruto de reflexiones muy intensas y sobre todo tomada con el peso y la
solidez del profundo amor que nos tenemos y del proyecto común que iniciamos".
Y el día de la pedida de mano, a la pregunta de cómo se declara un príncipe,
ella respondió sin titubear: "Como un hombre que ama a una mujer
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