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EFE - «Me gustan los coches. Tengo también un Porche y un
Jaguar», declaro Liu Shuangxing, un millonario que con tan solo 35 años
preside una empresa de importación y exportación en Xiamen (provincia de Fujian,
sudeste).
Felix Kuan, un hombre de negocios de Hong Kong, importó un Enzo plateado y dice
tener también un Toyota y un Honda. A pesar de ello, la indumentaria de Kuan, de
42 años, es similar a la de cualquier inmigrante rural de las grandes ciudades
chinas, en contraste con la ostentación que rodea este tipo de eventos.
El propietario del vehículo dice ser accionista de una empresa del sector del
automóvil, aunque su acompañante bromea sobre su ocupación: «Es propietario
de un Ferrari, por lo tanto no trabaja o trabaja lo menos posible».
Exclusivo club
Italian Motors, empresa controlada por Ferrari, desembarcó en China en 1993 y
desde entonces ha importado unos 170 vehículos de las marcas Ferrari y Maserati
que forman un exclusivo club de propietarios. Al desfile acudieron vehículos
procedentes de toda China, así como de Hong Kong, Singapur, Japón y Malasia por
invitación del grupo, que acaba de abrir una empresa de capital mixto en la
ciudad más poblada de China.
Al menos 38 automóviles pertenecen a millonarios de la China continental,
mientras que el resto de los vehículos pertenecen a familias adineradas de Hong
Kong.
«Nos reunimos cada domingo por la mañana en el estadio de Hong Kong para
conducir nuestros Ferrari, luego almorzamos juntos, allí somos unos 50
propietarios y todos nos conocemos», declaró Ivy, propietaria de un modelo
360 color amarillo.
«Somos los primeros, no sólo en la Fórmula Uno sino también en la industria
del automóvil, donde lideramos el sector del lujo», señaló Jean Todt,
director deportivo de Ferrari. El «milagro» económico chino ha creado una
generación de magnates que son objetivo de las multinacionales occidentales del
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