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Nacida en Kentwood, Louisiana, Britney Spears hizo sus primeras
presentaciones artísticas a los 4 años de edad, como integrante del coro
de su parroquia y, también, como estrella infantil en el grupo vocal de
su colegio.
Cuando tenía 11 años, la chica que hoy causa desbordes hormonales con
sus videoclips se integró al televisivo Club de Mickey Mouse, donde
permaneció dos años. Más tarde, y convertida ya en una prometedora
quinceañera, se encaminó hacia Nueva York para comenzar su carrera hacia
el estrellato.
Tras un fugaz paso por un grupo compuesto sólo por mujeres, la cantante
se concentró en su carrera solista, decisión que resultó sumamente
acertada: en 1999, antes de cumplir los 18 años, consiguió que su disco
debut -titulado “Baby one more time”- llegara al número uno en más de
veinte países. |
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Nadie le creía a Britney Spears cuando en 1999, en los
inicios de su carrera como cantante pop, afirmaba que nunca dejaría de ser una
chica más o menos recatada: su cuerpo sinuoso y su actitud felina anunciaban el
inevitable estallido de la sexualidad desbordante que, durante los últimos dos
años, ha exhibido y plasmado tanto en encendidos videoclips como en el ya
histórico beso con lengua que le dio a Madonna -en agosto del año pasado-
durante la transmisión en vivo de una entrega de premios de la cadena MTV.
La joven, que el 2 de diciembre apagará 23 velitas, sí cumplió, en cambio, con
su amenaza más temible: convertirse en una imparable megaestrella que factura
millones de dólares como quien inhala oxígeno. Ahora, mientras sus adolescentes
fans y los medios de comunicación se quiebran la cabeza tratando de entender su
sorpresivo matrimonio con el bailarín Kevin Federline (realizado el 18 de
septiembre), la astuta muchacha prepara el lanzamiento de su disco “Greatest
hits”, que saldrá a la venta en todo el mundo el 8 de noviembre.
La vida de la veinteañera, a estas alturas, se parece peligrosamente a una
parodia de lo que debería ser la rutina de una superdiva: su casa es una mansión
-emplazada en Malibú- de cinco millones de dólares, sus niveles de consumo de
alcohol han estado cerca del exceso, sus videos estimulan la libido masculina
hasta límites intolerables, sus quinceañeras seguidoras le demuestran una férrea
adhesión y cada una de sus decisiones termina inevitablemente convertida en
noticia.
Caprichosa y desconcertante en materia sentimental, la cantante se ha esforzado
por mantener ocupada a la prensa rosa: tras la apresurada boda y el
increíblemente fugaz matrimonio que protagonizó -en enero de este año- junto a
su viejo amigo Jason Alexander, se las ha ingeniado para que todo el mundo esté
pendiente de los confusos detalles legales de su unión con Kevin Federline. En
medio de ese agitado panorama, ha estimulado sin piedad la imaginación de sus
admiradores al anunciar que, como desea ser madre cuanto antes, dedicará sus
primeras semanas de casada a maratónicas sesiones de sexo.
El erotizado ambiente nupcial que vive la estrella es, por cierto, el mejor
escenario imaginable para el lanzamiento de “Greatest hits”, producto que
llegará a las disquerías con la heroica misión de superar los seis millones de
copias vendidas por “In the zone” (2003), álbum que, además de invadir los
rankings con temas como “Toxic” y “Everytime”, contó con la participación
estelar de Madonna en la canción “Me against the music”. La veterana reina del
pop, de hecho, selló su alianza con la joven cantante al participar en el
correspondiente videoclip, donde aparece co- queteando -en el más amplio sentido
del término- con una ardorosa y provocativa Britney.
Sin dejarse amedrentar por los desafíos comerciales que su carrera le impone, la
rubia se entrega a su nueva vida en pareja y deja los números en manos de su
compañía discográfica. Ella ya cumplió con su parte al condimentar la
recopilación con un tema inédito -se trata de un cover de “My prerogative”,
original de Bobby Brown- que por cierto será usado para promocionar el disco.
Los surcos restantes también deberían hacer lo suyo; mal que mal, se trata de
una selección de los más conocidos impactos radiales de la juvenil diva.
Encaramada en una popularidad que puede verificarse rápidamente al consultar los
sitios de internet creados por sus fanáticos (el buscador Google ofrece casi
cuatro millones de páginas consagradas a la artista), Spears disfruta las
utilidades obtenidas a través de la industria pop y cultiva una rutina de
trescientos abdominales diarios para mantener la deseable figura que luce en
carátulas, pósters y videoclips: un esfuerzo que sus seguidores agradecen con
todo el corazón. La doble, estrella del porno
Pero Britney es además de una estrella del pop, una diva
erótica. Sus videoclips sinuosos, la presencia en escena, estudiada para
satisfacer el "morbo" de sus fans, todo forma parte de un espectáculo que ha
llenado muchos sitios de la red de miles de supuestas fotografías que van mucho
más allá del erotismo. La gran mayoría de estas son
tomadas a dobles con un gran parecido con Britney y que han sabido explotar esa
semejanza para abrirse camino en el complicado mundo del espectaculo.
Una de las más famosas es la jóven estadounidense Teagan Presley,
de 19 años, que mantiene un asombroso parecido con la pop-stars y que ha
revolucionado en tan sólo unos meses en el mercado del porno norteamericano.
Su aparición ha causado una verdadera conmoción en Estados Unidos, no sólo
porque ha demostrado sus cualidades a lo largo de los 20 títulos que ha
protagonizado, sino porque ha firmado un contrato con Digital Playground para
protagonizar los próximos films que la importante compañía lanzará al mercado.
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